A-diós malos hábitos
En una oportunidad escuché que se necesitan 21 días para
construir un hábito, y resulta que llevo veintiséis años capacitándome para
sobrellevar el pánico. Mi vida no conoció jamás de estabilidad, siempre giró
como ruleta y casi siempre paró en “mantente
alerta” o “escapa rápido”, y con
esto quiero decirte que rara vez conocí la sensación de permanencia. Siempre
camaleón, siempre nómade.
¿Y ahora?
A veces le temo al recuerdo de mi antiguo yo; le temo a
escribir con la mano y a borrar con el codo, a sentirme condicionada por una
situación que me empuje a volver a actuar o a pensar como antes. Y entonces me
repito una y otra vez como si fuese un mantra: “cuidado con los viejos hábitos”, “cuidado con las reacciones repentinas
del viejo manual, porque tan pronto como aparecen desequilibran toda la
estructura”, “cuidado con el derrape emocional que no permite que veas las
pequeñas cosas que hacen que tu vida tenga un valor único”.
Querido lector, vamos a sincerarnos. ¿Cómo no tender a la
fuga emocional? Porque a veces simplemente se me olvida. Cualquier persona
normal temería de posibles situaciones de catástrofe, fracaso, abandono…pero yo
le temo a la felicidad a largo plazo. A veces pienso: “¡qué estupidez! ¿A quién
más le podría pasar algo así?, y otras veces me quiero abrazar tan fuerte que
me alcance para no soltarme más.
Y de esto surge esta sensación de ir en caída libre, en
donde pienso que si todo va muy bien, pronto puede llegar algo que lo cague
todo; aunque podría abrir el paracaídas y ahorrarme todo este drama innecesario
propio del victimismo, pues estar acostumbrada al choque del destino no es algo
de lo que me sienta orgullosa.
¿No es terrible el fantasma del pesimismo?
Sí, ya se pueden reír, y me voy a tomar el atrevimiento de
sonreír con ustedes, porque más de uno aquí debe pensar: ¡ey, yo también! Tranquila. Es normal
(Y acá me planteo la normalización de nuestros propios miedos. “Bueno, si a tal le pasa me puedo sentir
normal con este sentir”. ¿Está bien vivir así y que nuestro remedio sea
sentirnos acompañados por los miedos ajenos? Diálogo para otro día)
Pasaron unos cuantos días del momento en que escribí esto, y
hoy tengo la libertad de cambiar el final de este post. Porque así soy y somos:
libres. Y aunque lleguemos a creer
que el miedo al miedo nos hace esclavos, hay tiempo…hay tiempo para todo. Hay
toda una vida para tomarnos de la mano y llevarnos a modificar el final de estas
teorías que nos hacen daño.
Y cuando se nos olvide repitamos: el amor nos salva. Siempre
Y que distraerte no sea la excusa para olvidarte lo importante.

Es la primera vez que entro a tu blog y tengo que decir que me encantó lo que escribiste. Pienso que la salud mental es algo muy, muy importante y que esta publicación debería tener más comentarios.
ResponderEliminarDesde ahora te sigo, ¡nos leemos!
Hola Noelia! Muchas gracias por tu comentario. Hace mucho no publico en este blog, y de repente me hiciste recordar que cuando esto comenzó tenía un propósito y lo había olvidado. Te mando un abrazo
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