Mi mejor momento.
Bueno, voy a comenzar por decir que hoy fue un gran día. Hoy me di cuenta de algo impensado hasta ayer y que tan solo necesitó tres cosas de mi parte: la mente clara, el corazón predispuesto y tiempo.
¿Qué cosa extraña es el tiempo, no?
Hoy por hoy es como un “algo” que parece rendidor pero que a la vez nunca nos alcanza, y que además es tan ambiguo que nos genera esa sensación de tenerlo siempre bajo control, aunque a decir verdad todos sabemos que no es así. Pensemos que si el tiempo fuese como un gran bolso tendríamos la virtud de elegir qué incluir en él y qué no, cuándo y cómo ordenarlo según nuestras prioridades; si pudiéramos hacer todo eso sabríamos además cómo tener el control de su peso en nuestro hombro cansado de la queja diaria.
¿Cuántas veces el peso del tiempo que corre y corre nos provoca ansiedad?
El tiempo también es ese “algo” que nos convierte en humanos con un discurso confuso, por un lado queremos que dure más, porque ver que pasa rápido nos da temor a no estar disfrutando lo suficiente de su transcurso, y por otro lado necesitamos que pase rápido para que llegue “él”…eso que todos conocemos como: “el mejor momento”.
¡Qué loco es darse cuenta de que vivimos en “on hold”!
Siempre estamos
esperando algo que no llega y nada nunca es suficiente; que el “ya
vendrán tiempos mejores” nos impide ver que tal vez ya llegamos a la tan
prometida meta, pero que no podemos verla con claridad porque no se ajusta al
plan exacto que hicimos cuando empezamos a caminar esa etapa. Hoy, mientras sentía ese
vacío del “qué se yo” y el del “me falta algo y no sé qué”, entendí que hasta ahora no me había detenido
ni un instante para apreciar que las cosas se ordenaron al fin, que llegué a
esa instancia en donde reconozco que nunca tuve el control del tiempo pero sí
tuve responsabilidad sobre él.
Este es el momento que tanto esperé y que yo misma salí a
buscar inconscientemente cuando empecé a tomar decisiones; es el resultado de
que un día dije basta y salí de los
lugares que ya no me hacían feliz; que dejé en el pasado a quienes me alejaban
de la persona que quería ser; que abandoné el molde que me quedaba chico porque
ya estaba lista para crecer; que puse a un lado el miedo a ser grande, me moví
con un propósito claro y no paré hasta concretarlo.
Básicamente comprendí que soltar el control me invitó a
decirle chau al plan y me permitió vivir el ahora, aunque no haya sido capaz de
sentir ese alivio hasta que admití que nos sabe a moneda corriente sentir
frustración y no tanto a ver que lo hemos logrado. Con esto no quiero decir que
a partir de hoy ya no hay meta...uff ¡sí que las hay!, y mañana será otro día
para intentarlo; pero por hoy no quiero pedir nada más porque recaería en la
ingratitud, y creer que el presente es
ideal me borró las dudas del mapa.
Hoy me voy a dormir con la tranquilidad que se siente saber
que mi mejor momento no tiene que ser
perfecto para ser real.

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