Querido reloj de arena
Voy a empezar por decirte que creí con firmeza que jamás volvería a pronunciarte, y no porque ya no me acuerde de tu nombre, sino porque fuiste la prueba de fuego que me recordó que, si antes pude construirme un bote para volver a mí, es porque siempre tuve la habilidad de hacer de unas ramitas un gran velero. Hoy siento que, aunque me faltara la fuerza para nadar lejos de lo que me hizo mal, encontraría el camino de regreso; aunque fuese caminando sobre el agua.
Querido reloj de arena, el tiempo en tu vida me hizo fuerte,
me hizo más valiosa; y el tiempo que perdimos por intentar ser algo que a la
larga nos drenó el alma, me hace pensar cada día, cuando me río con cada
porción de amor que me llega como regalo del cielo, que no podría perder más
minutos de mi presente sintiendo miedo. Nunca pude comprender por qué te
aterraba tanto que me estuviese rompiendo por dentro. Tal vez pasaste demasiado
tiempo, durmiendo dentro del reloj de arena, esperando a que alguno de los dos
tuviese el coraje de correr lejos y vivir.
Ahora la vida se siente muy fresca.
Por primera vez me siento en la cama a agradecerte. No sabes
lo constructivo que fue revivirme. Podría escribirte muchas cartas, contándote
que el camino de luz que te prometí que existía, existe, y juro que ahora me
siento más yo que nunca.
La verdad es que a veces no todo es tan simple; en nosotros
viven casilleros de emociones que nos confunden, nos enojan y nos enseñan. Y yo
soy todos ellos. Soy el llanto que hoy dejo en las manos de los que me apoyan,
en los que no temen verme rota, porque confían en que el rompecabezas que soy,
siempre se puede volver a armar. Hoy, y lo digo con vergüenza, aún me cuesta la
vulnerabilidad. Hoy aún me temo débil, pero te prometo que cuando te sientas
listo, podés tomarte el avión a tu lugar seguro, y ese tiene que ser en vos. Yo
ahora estoy ahí y me encontré personas maravillosas que me estaban esperando.
Me pregunté por qué no los encontré antes; quizá siempre estuvieron ahí y no
pude verlos entre la bruma.
Hoy mi vida es un amanecer diario, y abrir mis ojos con
esperanza no es cosa cualquiera. Estar vivo no es cualquier cosa. En mi
despertar te devuelvo en conciliación la fe que te tuve, los platos rotos que
nunca rompí y la almohada húmeda que debería tirar, el reloj que pasaba tan
lento en tu ausencia, y la espera eterna por ver llegar los cambios. No
malinterpretes esta escritura, el arrepentimiento del pasado es casi como pedir
no haber aprendido nada, y me enseñaste todo. Todo lo que el amor no debería
doler. Todo el valor por mí que no me tengo que olvidar nunca. Todos los “no”
que tengo que decirme a tiempo. Toda mi necesidad de protección y resguardo, como
consecuencia de los abrazos diarios que tengo q darme cada vez que sienta que
no puedo.
En fin, hoy no sé qué caminos estarás transitando,
posiblemente sigas buscándote, y espero que te encuentres pronto. Hoy me animo
sin miedo a preguntarle al cielo qué tiene preparado para mí. Hoy me late
fuerte el corazón al sentir que son cosas maravillosas. Hoy me dan ganas de
hacer muchas preguntas sobre el futuro; pero me quedo en este presente, en sus
ojos y en su mano tibia que me cuenta que caminó muchísimo para encontrarme. Ahora
él está acá…al fín. Hoy, él está acá celebrando este amanecer conmigo.
La vida vale mucho.

Comentarios
Publicar un comentario