Salvación
Siempre que me siento a escribir es porque algo dentro de mí arde, arde y necesito expulsarlo para expresarme. Tengo que escribirlo, porque de otra manera no podría poner en palabras las cosas que me pasan, los pensamientos que me acechan a cada minuto. Escribir que es como un acto en donde me siento a charlar, y a veces a decirte las cosas que de otra manera no podría decirte.
¿Cuántos puede decir que dicen todo lo que sienten, y sienten con libertad todo lo que piensan?
A veces solo puedo pensar en mí, y me pregunto: ¿qué me hace ser así?¿Debería considerarlo un defecto, o una virtud?
Me refiero a esta extraña obsesión que tengo por intentar arreglar a la gente, a las cosas...ayudarlos a encontrarse, a ser una mejor versión de ellos mismos.
Sentir que así me arreglo yo, que ya me perdi y me encontré tantas veces que necesito demostrar que se puede. Siempre. Que la soledad mental es transitoria. Que no necesitas demostrarle a nadie que sos valiente.
Hoy pienso en vos, como siempre, y entiendo que a veces no podés forzar al otro a encontrar sus piezas, porque el que no quiera ser ayudado no te va a ver jamás en el medio de tanta bruma, y porque antes de encontrar algunas respuestas tenés que quedarte parado ahí, en ese momento, y estar seguro.
A veces me frustro de tan sólo interpretar que la vida es como camino de flores y espinas donde nunca estás muy seguro de dónde pisar; vas tomando decisiones en el trayecto, a veces te acompaña alguien que te ilumina el sendero cuando viene la noche, se hace la oscuridad y te perdés; otras veces estás solo, y si no te iluminás vos, vas en caída libre a lo desconocido.
Tambíen pienso sobre este consejo "tené cuidado que por salvarle las confusiones a otros no te olvides de salvarte vos". Sonrío y me doy cuenta de que la mayoría de las veces tomo ese riesgo, y que aún así lo seguiría haciendo; quiero creer que si yo estuviese ahí vendrías por mí y te quedarías.
Me freno en seco y la duda retumba en mi cabeza.
¿Vendrías en verdad? ¿Arriesgarías tu paz, tu silencio y tu tiempo por extender una mano en mi hombro y una caricia en la mejilla?
Miro un punto fijo, por allá en el horizonte ya amanece. Dudo...pienso y lo dudo.
Entonces me replanteo las mismas preguntas y me aconsejo a mi misma que la clave está en escoger con sabiduría por quién estarías dispuestx a saltar sin miedo; porque cuando hay cielo para ambos, las alas no se rompen.

Comentarios
Publicar un comentario