El inicio de todo. Introducción.

13 de enero.

Parte I. Introducción

Hoy me desperté con el sonido de la alarma retumbando en mi cabeza, y solo pude sentir el cansancio de la rutina y la monotonía que transforma  los días en partes casi iguales. Me senté en la cama, tanteé las pantuflas adormecida y mis oídos despertaron antes que nadie; el eco de los camiones, las bocinas chillonas y los obreros (que trabajan de sol a sol en el departamento frente a mi casa) me levantaron rápidamente de la cama. Casi de un salto.

 Pronuncié una queja en voz baja…

¿A quién le gusta despertar con un taladro en la almohada?

Recordé por qué detesto vivir en la ciudad. El ruido no para. Jamás. Y entre el ruido externo y el interno (que veces intento disuadir) siento que enloquezco.

Me quejé de nuevo mientras preparaba un café de almendras que olía espectacular. No lo pude disfrutar del todo… porque aún me quejaba en silencio. Me quejé también por la negativa que me imponen cuando intento transmitir que ya no siento que este sea mi lugar, y eso me hizo reflexionar sobre el concepto “hogar”.

¿Por qué es tan difícil romper con lo que creíamos conocido, familiar?

El reproche verbal interno te deja un gusto amargo en la boca. Me quejé hasta que me di cuenta de que la queja constante hace que todo parezca insignificante. Y no lo es.

Mi mente se siente abrumada. No entiendo bien por qué me siento tan molesta. Tomé el primer sorbo de café y cerré los ojos, podía escuchar el diálogo en mi cabeza entre un par de recuerdos felices y algunas peculiaridades del presente que todavía no me animo a cambiar.

El presente se resiste, me dice indirectamente que las cosas llevan tiempo.

Me invade el mal humor.

Estoy cansada de esperar.

Y mi ansiedad reclama al menos cambios cortos. Cortos como estas oraciones.

Ya está decidido. Apoyo triunfante la taza de café sobre la mesa y todo me hace volver al año 1995. Sí…muchos años atrás. ¿Y para qué? Para buscar si lo que alguna vez quise es lo que aun quiero, y para entender cómo es que lo que me rodea ahora, ya no me identifica.

Básicamente para poner una lupa en la historia de mi vida hay que ir al inicio de todo.

Pongan en marcha el auto imaginario. 





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