La escritura es como el mero acto de reciclarse.
El día ya casi termina pero mi cabeza es un lavarropas en funcionamiento. Creo que no podría contar la cantidad de hojas que utilicé hoy para escribir algo de todo lo que pulula en mi mente; hojas por la mitad que arranco del cuaderno y dejo para después. No quiero admitirlo, pero creo que hoy me persigue el fantasma de la “hoja en blanco”. Después de varias horas de ser acechada por el no sé, me planteé algo que luego me llevó a hacerme otras preguntas.
¿Qué nos mueve a hacer lo que hacemos? ¿Para qué escribo?
Y sé que esto ya me lo pregunté antes y creía que había encontrado
una respuesta universal, pero resulta que a veces escribir es un acto de amor, es
una forma de callar las voces que siguen susurrando entre ellas cuando las
luces se apagan, entonces me siento frente a la inmensidad de la hoja en blanco
y me reconcilio con todas esas ideas, discusiones y cosas que no dije. Escribir
es como darle un golpe a la
contradicción y al miedo que nos va a generar siempre la consecuencia de
nuestros actos y la mirada del otro sobre nosotros.
Me fascina pensar que la escritura es como el mero acto de
reciclarse.
Intento dormir pese a que aún recuerdo esta pregunta que me
hice alguna vez, cuando descubrí que a
veces nuestras aspiraciones son tan diferentes que resulta difícil entender
cómo nuestros caminos se cruzan algún día.
Mentiría si dijera que no juzgo al libro por tu portada,
¿quién no lo hace?
Sería mentira si dijéramos con total seguridad que no nos
importa lo más mínimo lo que los demás conjeturen sobre nosotros; yo misma fui
la araña de esa red y no me culpo, detrás de esa armadura de guerreros
invictos, y miles de capas de condicionamiento propio se esconde nuestra
verdad. Y si escribo esto, con la imagen de una niña escondida detrás de la
tapa de un libro, es porque aunque corramos lejos de esa historia, somos ella
de todas formas…aún hoy me refugio al calor de las líneas que todavía no
sé cómo escribir.
En fin, la escritura para mí es como el tablero de ajedrez,
es la pasión que me mueve y me incita a seguir moviendo piezas para ganarle a
mi propio discurso.
¿Cómo se vive sin pasión alguna? ¿Cómo se vive sin saber si
existe en alguna parte de nuestro interior ese “algo” que nos ponga la vida al
revés?

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