Decisiones
A veces cuando me siento a escribir las cosas simplemente fluyen. La mayoría de las veces pongo mis manos en el teclado y hago una introspección acerca de cómo me siento en ese momento. Y en este momento en particular me siento así: este texto me incomoda, me sacude pero me ilumina. Ilumina las partes oscuras de las que no hablamos a menudo.
Sí, somos responsables de las decisiones que tomamos, y de las que
no…también. A veces nos cuenta creer que la vida no es más que un puñado de
decisiones unidas entre sí a través del tiempo, como un juego de dominó que
establece la regla más simple que tenemos que aprender antes de empezar a
jugar: todo acto es causa y consecuencia. Nada es porque sí, todo lo que
hacemos y decimos, aunque sea una mínima palabra va a tener un impacto en
nuestro alrededor. Somos como una bomba de tiempo que en cualquier momento
podría estallar, y lo importante es decidir si vamos a erosionar en reinversión
o en victimismo.
La mañana fue larga, suficientemente larga como para que me siente al
aire libre en vista de la copa de los árboles. Desde el balcón de mi
departamento todos se ven muy pequeños: gente corriendo de un lado al otro.
Gente preocupada. Gente sola. Gente que camina acompañada y se siente sola.
Gente atrapada en sí misma. Y entonces me pregunto: ¿cómo llegué hasta acá?
¿Cuál es mi misión en la vida de las personas que me encuentro? Solía
preguntarme seriamente por qué me pasan ciertas cosas, y la realidad es que la
pregunta debió ser siempre: ¿para qué me pasa esto? Porque nada es casual, te
lo aseguro. Conocerte no fue casual, siempre lo supe. Y hoy, que mi cabeza es
como una jungla de pensamientos y emociones que se pelean entre sí, no puedo
ser indiferente. Hoy te veo en gran parte como el reflejo de lo no resuelto, y
cuando pensaste que ya te las sabías todas, se aproxima un viento que trae de
vuelta más aprendizaje.
A veces pienso en vos y en todas las cosas que no te digo, pero salto
rápido de página y no te cargo en mis hombros. Otras veces veces soy
simplemente como un pajarito que ve desde lejos que estás ahí, dudando sobre si
ser o no tu superhéroe, y te alcanzo la escalera para ayudarte a salir, pero
vos seguís prefiriendo la pala. Y es ahí dónde puedo entender que estamos
ciegos de miedo a ser fuertes; ciegos de miedo a entender que nadie va a venir
a salvarnos de nosotros mismos; ciegos y sordos ante la repercusión de nuestro
yo interior gritando que tomemos al toro por las astas. Tenemos una gran venda
artificial que no nos permite ver que nadie más que nosotros tiene la culpa de
nuestras cachetadas. Y cuando pienso en
vos, también me doy cuenta de que todos somos amigos y enemigos de nuestras
propias excusas, y tal vez, sin saberlo, cada uno de nosotros sea el faro de
alguien más.
Creo que pasamos mucho tiempo zigzagueando la responsabilidad que
tenemos con nosotros. Ese pozo no nos retiene de nada, podemos salir de ahí
cuando queramos, pero ver que afuera hay más desafíos y cambios nos hace querer
quedarnos. Y no, no estamos presos por
otra cosa que no sea inseguridad. Y sí…
abrirle la jaula al ratón y decirle que el buen uso de su libertad también es
una responsabilidad le dará miedo.

Hola, me ha gustado tanto lo que he leído y concuerdo en muchas cosas, verdaderamente esto puede ayudarnos a reflexionar.
ResponderEliminarSaludos desde kiwybooks!
¡Hola! me alegra muchísimo que haya podido disfrutar de este post, sin duda las redes nos dan la posibilidad de encontrar siempre otras escrituras que nos ayuden a pensarnos mejor.
EliminarGracias por leerme.
Saludo grande :)