Lo que creemos, creamos.
Me gusta imaginar que somos como imanes dentro de un campo
magnético, y que de forma involuntaria atraemos y repelemos todo y a todos con
la herramienta más poderosa que tenemos: la mente; y podría intentar
explicar de mil formas cómo mi creencia en el maravilloso hilo rojo me hace
creer que cada uno de nosotros estaba destinado a encontrarse, a leerse y a
comunicarse. No es en vano pensar que nada es casual, porque creéme que con
cada pensamiento se construyen muros y se derriban imposibilidades, con cada “no puedo” que le trasmitimos al desafío
nos alejamos un pasito más de nuestro deseo. Somos el as bajo nuestra manga y
esa luz de alivio al final del túnel, sólo hace falta que en verdad creamos que
en nosotros duerme el arcoíris que tanto pedimos luego de la tormenta.
Somos misioneros en busca de la verdad, aprendices a medio ver en un paisaje repleto de señales que se repiten constantemente, camufladas en forma de situaciones que afrontar, personas que descifrar y sueños a los que siempre les restamos importancia.
Somos misioneros en busca de la verdad, aprendices a medio ver en un paisaje repleto de señales que se repiten constantemente, camufladas en forma de situaciones que afrontar, personas que descifrar y sueños a los que siempre les restamos importancia.
¿No es extraño darse cuenta de que la vida
sería más simple si aceptáramos sencillamente los milagros que aparecen tal
cual se presentan?
Un día me dijeron: “aunque
lo que pediste no es lo que obtuviste era lo que necesitabas para darle paso al
cambio”, y en verdad hoy me hago consciente de que cuando expresamos que “no tenemos suerte” es porque aún no
estamos listos para observar.
¿Cómo podríamos saber qué es lo que esperamos ver
si aún no esclarecimos nuestro pedido?
Posiblemente nunca sepamos con certeza si el destino está escrito o no, pero sí podemos ser quien tome el lápiz para modificar lo que pensamos y lo que decidimos creer; sí podemos ser quien elija salir al mundo con la mente apta para saber esperar los tiempos que son para nosotrxs. Nadie va a llegar a apresurar el reloj que resida en cada uno, pero sí a despertar mensajes que harán ruido en nuestra mente. Nacimos con todo este misterio adentro y tenemos una obligación ante nuestros deseos más profundos: atraer lo que nos hace bien, soltar los pensamientos que nos alejan de nosotrxs, creer ciegamente que merecemos todo lo que pedimos y ver a cada quien que se presente simplemente como un maestro.
Aún estamos a tiempo de vibrar la persona que queremos ser.
Posiblemente nunca sepamos con certeza si el destino está escrito o no, pero sí podemos ser quien tome el lápiz para modificar lo que pensamos y lo que decidimos creer; sí podemos ser quien elija salir al mundo con la mente apta para saber esperar los tiempos que son para nosotrxs. Nadie va a llegar a apresurar el reloj que resida en cada uno, pero sí a despertar mensajes que harán ruido en nuestra mente. Nacimos con todo este misterio adentro y tenemos una obligación ante nuestros deseos más profundos: atraer lo que nos hace bien, soltar los pensamientos que nos alejan de nosotrxs, creer ciegamente que merecemos todo lo que pedimos y ver a cada quien que se presente simplemente como un maestro.
Aún estamos a tiempo de vibrar la persona que queremos ser.
Sé
el milagro que esperas ver llegar a tu vida.

Comentarios
Publicar un comentario