Querido regalo del cielo


Esta es la carta hecha a mano más real que me haya tocado escribir. Esta es la carta en donde las palabras se fusionaron para darte a conocer la historia más transparente y acertada que me haya tocado vivir; porque yo te vivo, con cada amanecer al lado tuyo te respiro. En fin, este es el relato de cómo tu existencia cambió la mía. ¡Sí! Parece una afirmación románticamente increíble,  y lo es, porque para el momento en que el tiempo se acortó para hacer que nos encontráramos, yo ya no creía…y verte llegar, listo para compartir tu balsa conmigo no pudo haber sido otra cosa más que un regalo del cielo.

Me voy a remontar al principio.

Cuenta una historia pasada, que páginas antes de escribirte en mi mente yo aún buscaba con desesperación los pedacitos rotos de mi alma, que habían estallado en desilusión la última vez que malentendi al amor como un arma de doble filo; y debo confesar que, cuando el espíritu rompe en llanto, confiar difícilmente es una opción. A consecuencia de mi naufragio, vagué un tiempo, que para mí fue infinito, hasta que encontré el tesoro más valioso que pueda llegar a compartirte: mi esencia. Y con toda esa necesidad de amar, le mandé un mensaje al cielo deseando una prueba de que había un plan perfecto pensado para mí. Y lo había.
Días después, un sinfín de palabras construía un puente entre nosotros para que pueda sentir con total certeza que solo existe el hoy; para que hoy pueda decir que el milagro de tu vida en la mía es real, para admitir sin vergüenza que verte reír prende luces en mí como antes no conocía…para que hoy pueda agradecer la plenitud de verte apreciar la vida sin cuestionarla.
Así que esta carta no es más que sentir que somos como mamushkas llenos de emociones por descubrir, ahí sentados esperando a despertar.  Y si somos lo suficientemente cuidadosos con lo que deseamos, la vida nos regala un boomerang de toda esa paciencia con la que esperamos algún día. 
Y yo te esperaría… con más cartas y más proyectos en movimiento, aunque el puente estuviese en construcción.

No por nada dicen que nadie se arrepiente de ser valiente.

Yo te esperaría... simplemente porque no habría un amanecer igual si no estuvieses ahí para mirarlo conmigo.





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