El encierro

Ya saben que soy de las personas a la que le encanta hacerse preguntas, y hoy que fue un día infernal me propuse pensar acerca del encierro. Y aunque creo que en este tiempo bastaron lecciones para aprender lo que eso significa, se ve que no fueron suficientes para enseñarnos a planificar cómo salir ilesos de él. Porque estamos de acuerdo con que salir siempre es una opción, ¿no? Que lo que nos mantiene de rehén es la comodidad de sentirnos en cautiverio y el coraje de ir apuntando disparadores mientras vamos analizando cuántas posibilidades tendremos mañana para despertar valientes. Y el coraje que hace latir nuestro corazón muy fuerte es producto de ese golpe que le deberíamos dar al miedo, ese que nos seduce diariamente a quedarnos ahí…esperando a que el momento oportuno parezca ideal, aunque ya lo sea y no lo podamos ver. Encerrada me di cuenta de que no estoy sola y que en la celda de al lado hay otros también, buscando descontroladamente la llave que se olvidaron tienen en la mano y no se animan a usar. En la celda, busqué como loca y solo encontré incomodidad, furia y oscuridad, pero seguí buscando y pedí ayuda, porque mis bolsillos estaban vacíos de no sé qué. 

¿Qué era lo que buscaba? Siempre me pasa.

Hoy, que tengo un día de furia…sí, de ese tipo de furia que te carcome el cerebro como un pajarito que no para de cantarte, y no precisamente baladas sentimentales, me puse a pensar qué me detuvo a volver a este momento; a ese instante de sincericidio en el que no me importa nada más que sacarme del cuerpo este fastidio insoportable de la comparación, y dejarlo en un par de líneas que andá a saber a quién le abrace un poco el alma al leer. Hoy, mientras me emborrachaba de cosas que me gustaría decir para ganar la partida que me corresponde, me había propuesto encerrarlas en la celda conmigo, y mientras buscaba la lapicera para corromperlo todo, encontré en el bolsillo eso que estaba buscando hace meses. Yo tenía un propósito. Ese que se me perdió por llenarme de dudas infundadas, al que desterré porque tener razón siempre es más importante. Yo tenía un propósito, y ahora me estaba gritando que le haga espacio en mí vida. Entonces limpie la basura bajo la alfombra y encontré la llave. Me animé a salir un rato. Y todo vino a mi cabeza de repente. Recordé que el propósito nos mueve y nos ordena, y que mirar para el otro lado y buscar culpables es cómodo pero nos retrasa sin sentido alguno. Y que si de algo tiene que servir estar encerrado es para dejarnos abrazar por otros que están en la misma cárcel mental, porque nadie es tan privilegiado de sentirse protagonista de su drama. Nos ataca a todos por la espalda de la misma forma, y solo nos diferencia la manera en la que decidimos salir.  

“El que se enoja pierde”- me dijeron. “El enojo te domina, te controla y te quita autonomía”

Bueno, que me quite todo menos mi capacidad para ser fuerte; para ser un león si hace falta pelear y una hormiga para seguir trabajando en mí. Que me quite las espinas de los pies, pero no el impulso. Que al encierro le dejo todo menos mi entrega para seguir intentando.




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